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Lo que el Diablo me Dijo…

  • 15 dic 2014
  • 4 min de lectura

La música en tiempos del yo: De la materia al IPod.



Por: Ángel Armenta López


Si bien algunas personas pueden no estar conmigo ahora, los discos que escuchamos juntos, están todos aquí en mi pequeña caja blanca de recuerdos, todos amorosamente copilados y curados, esperando el momento en que podría volver a necesitarlos.


-Dylan Jones

IPod, Therefore I Am


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Alguna vez leí a Brian Eno, comentaba el origen de la música ambient, cuando el famoso pianista francés Eric Satie, componía Gimnopedias para que apenas se notara y se integraran a los ruidos de los cubiertos, platos, vasos, voces y demás ambientes sonoros del restaurante donde tocaba los viernes por la noche. Esto me hace pensar que en algún momento, la música se integraba a los demás sonidos del mundo, ya sea en el metro, un camión, por la avenida más transitada o un parque. No estoy seguro que la música siga siendo parte de ese ambiente.



El mundo gira y las formas de consumo también. La música sufrió cambios significativos a finales del siglo XX y en la primera década del mismo. En la era digital en la que vivimos, es importante señalar la desmaterialización de la música. El MP3, el You Tube, el Itunes, el Ipod. Tal vez, comenzó con el CD player, que ya brindaba la oportunidad de cambiar de una canción a otra, de adelantar la pista, de pausar o repetir una pieza, cosa que con el casete sucedía, pero era tardado y tedioso, y con el vinil, era prácticamente imposible.



Todas las plataformas de consumo de música que mencione anteriormente, son válidas, una maravilla en muchos casos, pero sin duda, trajo consigo nuevas formas de ver el mundo y entenderlo, también, por supuesto, de contemplar la música. El Ipod y el MP3 brindan las posibilidades de llevar tu colección de música en un pequeño rectangular blanco, es como una radio que programa perfectamente lo que quieres escuchar, de acuerdo al contexto, a tu estado de ánimo, en el lugar y tiempo que lo desees, sin embargo no es la radio.



La radio ofrece un sentido de sorpresa, a diferencia sobre los cientos y/o miles de canciones descargadas. La cultura de la descarga ha dado en vuelco en las formas de consumo, nos acercamos al perfil de un archivista compulsivo capaz de descargar, seleccionar y ordenar de forma casi neurótica la información que se brinda en la red, a la de un escucha amante de la música.



Los accesos son inmediatos, y las herramientas para ordenar ésta información nos hacen todo más fácil, con un click nuestros discos o libros están perfectamente ordenados por alfabeto, o por cuestione más snob que uno puede elegir.



Comencé citando a Eno y su comentario sobre Satie, porque hoy en día, me parece que la música no se integra a los demás sonidos del mundo, al contrario, se aíslan y nos aíslan ¿Hay algo más antisocial que los audífonos en volumen alto para caminar por la ciudad? Al final “I”pod y “I”tunes es una señal clara de que el yo manda, mi música cuándo yo lo decido y dónde yo lo decido.



Hace una semana me quede sin internet por algunos días, y a pesar de contar con varios días de música en el Itunes, una pila de alrededor 100 cd´s y otra de 300 casetes, sumando las 230 canciones que carga mi celular que reproduce MP3, me sentía incompleto en el sentido musical, me di cuenta que el You Tube lo es casi todo para mí en términos musicales, a través del You Tube descubro y reincorporo lo que necesite escuchar en ese momento. Puedo encontrar las lo que necesite: diferentes versiones de alguna canción o banda, covers, entrevistas, reseñas o lo que se pueda ver y escuchar, y por si fuese poco, todo se puede descargar.



Cuando algunos de mis amigos me piden que llene sus memorias con mi música, me pregunto si es posible que funcione como pasa conmigo, las colecciones de discos físicos y digitales, es una parte entrañable de mi vida, es parte de mi vida, de un pasado, presente y sus nostalgias y expectativas del futuro, y transferir esa memoria a la suya, me parece que sólo sucede en esta era.



Tal vez la era del MP3, el Ipod y la cultura de descarga y comparte han sido la de cambios más radicales para la música y su forma de consumo, hoy en día el deseo es reducido a unos cuantos segundos en lo que carga el You Tube o se descarga tal disco, estamos en un proceso de extinción de la paciencia y el sacrificio y la contemplación.



Nos dirigimos a un campo de fútbol cubierto por la neblina, con el riesgo de no ver el balón. Perdidos en la música, intentando escuchar todo lo posible, intentando absorber los accesos y los ritmos. A veces basta poner el MP3 en “aleatorio” y listo, no tendremos que decidir qué escuchar, delegamos la responsabilidad a un rectángulo blanco, dueño de nuestras más íntimas colecciones.

 
 
 

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