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Lo que el Diablo me Dijo…

  • 9 dic 2014
  • 3 min de lectura

Por: Ángel Armenta López

Cumbia socialmente correcta: eso ya lo hacían en los setentas


El pasado 29 de noviembre, dentro del marco de celebración por los veinte años del Centro Nacional de las Artes, me tocó ver en vivo a Sonido Gallo Negro. De entrada, debo asumir que su proyecto goza de potencia, frescura, y una amplia gama de ritmos que van desde la chicha, cumbia amazónica y el sonidero, sin embargo, a diferencia de lo que puede alcanzar a escuchar de un fan detrás de mí, tan original… no lo es. Debemos remontarnos al Perú de los años sesenta, y aún más, alrededor del mundo, un sonido envolvente y provocativo se gestaba con fuerza: la psicodelia.



Algunos creen que la psicodelia nació en un hotel una tarde de agoto de 1964, Bob Dylan se reunía con los Beatles y estos por primera vez fumaban mota. A partir de ese suceso, los Beatles empezaron a profundizar cada vez más, casi de manera obsesiva con las texturas, sonidos y repeticiones del sonido que hacían parecer al escucha caer en un remolido de colores sin final seguro. Sin embargo, hay una segunda versión, en Los Angeles California un año más tarde del encuentro con Dylan, los Beatles se reunieron con los Byrds y consumieron lsd, los Byrds fueron pioneros del uso de técnicas de sonido como phasing y flanging los cuales difuminan y cromatizan los instrumentos; así como el uso de la de instrumentos no usuales a la época (celesta, cello, violín) e instrumentos orientales (citara, dilruba, tablas) y electrónicos (moog, mellotrón) el disco por excelencia en psicodelia, fue 5D de los Byrds.



Regresando a la cumbia y al Perú, existió un sonido que mezclaba lo esencial de la cumbia y la psicodelia: La chicha. La chica que en realidad es aguardiente a base de maíz fermentado elaborado por los incas y tomo el nombre de un nuevo sonido, asociado también al sonido amazónico, donde el ritmo se fundía con texturas y gamas de colores, provocando una experiencia cuasi nueva, por lo innovador de percibir los ritmos latinos y algo tan producido técnicamente como lo fue la psicodelia.


La chicha tuvo su auge en los años setenta en Perú, mezclando sonidos propios del país con instrumentos precolombinos, guitarras al estilo de surf y sintetizadores moog, el cual hacía parecer que mezclábamos cumbia andina con alguna canción de Neu o Amon Duul II.



La también llamada cumbia espacial, ha tomado fuerza en los últimos años, pues como cabe señalar, lo retro y los tributos empiezan a ser las vanguardias creativas de nuestros tiempos, generando aires de frescura, pero no de originalidad propia en el sentido más estricto de la palabra. Un género musical en vías de ser mayormente explorado y explotado, pues apenas algunos colectivos y agrupaciones han decidido ir en busca de las joyas andinas de los años setenta a lo largo del continente americano, que junto con artes visuales buscan hacer llegar a nuevas generaciones.

Algunos de los conjuntos más importantes dentro de este ritmo son: - Los Destellos, Compay Quinto, Los Shapis, Los Wakers-



La cumbia hasta antes de este nuevo auge, era considerada por el imaginario musical, como la música del barrio, aquella que se vende en Tepito, se escucha en el microbús y se baila en los sonidos. Sin embargo, el mercado y la necesidad de “innovar” nos han llevado a ver a los Ángeles Azules presentándose en festivales de rock junto a artistas de -¿rock?- cantando a dueto y hasta teniendo un concierto con orquesta.



Me parece que proyectos como el de los Ángeles Azules y Sonido Gallo Negro como Chicha Libre, han introducido a la cumbia a los gustos mainstream, haciendo de la cumbia un gusto ya nada culposo, porque si bien es cierto que en Ipod o Mp3 de cualquiera de nuestros amigos en una lista de artistas como Sigur Ros, Devendra Banhart o Bjork, descontextualizaría por completo una canción de Aniceto Molina o de Rayito Colombiano, Sonido Gallo Negro encaja perfecto en esa lista de los primeros artistas mencionados.



Vale la pena ver y escuchar a Sonido Gallo Negro en vivo, Dr Aldrete y compañía pueden ser muy disfrutables si una se deja llevar en esa neopsicodelia y el remolido de lo retro con cierta disposición de dejar a un lado los prejuicios musicales.

Y por cierto, lo de salir con atuendos de monjes, también ya lo había hecho el Grupo G y su cumbia de los monjes.



Aquí les dejo un copilado de cumbia psicodelia de los sesenta. Ráyense!!

 
 
 

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