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Lo que el diablo me dijo..

  • 21 jul 2014
  • 3 min de lectura

Por Ollin Armenta López

pasto.verde88@hotmail.com


La urgencia de cambiar al Mundo


Vivimos poco, nos rodeamos de ansias, angustias y desesperaciones inventadas. La era de la tecnología exige una vida cada vez más rápida: Información en tiempo real, comida pre-cocida, hecha, bandas de todo el mundo y subterráneas a la voz de un click. Los nuevos celulares y computadoras, se cotizan cada vez más caro según su velocidad, funciones y herramientas. Google y YouTube tienen todo a nuestro alcance, por muy lenta que nuestra conexión o navegador sea, la información la tenemos de una forma casi inmediata si comparamos las búsquedas de información de hace 30 años, lo cual implicaba visitar una biblioteca, comprar un libro y buscar. En el caso de la música, he tenido charlas con amigos veteranos que me han platicado cómo era la espera de un disco venido de Estados Unidos o Inglaterra, pasaban largos 9 meses para poder tener en sus manos el preciado tesoro.


Hoy en día, mientras más rápido, mejor. Hoy ya nadie quiere ir al psicoanalista, lleva años y es caro, preferimos la neurolingüística que te saca del problema en meses. Tenemos Itunes, Ipod´s, You Tube, Google, no necesitamos esperar por un libro ni por un disco ni un DVD, tenemos todo a nuestro alcance. Al parecer nos hemos acostumbrado a vivir rápido, online y offline ¿Cuántas veces te ha desesperado un semáforo en rojo?


En estas últimas semanas, el acontecimiento que ha cimbrado al mundo y a las redes sociales, es el ataque de Israel a Palestina, sumándole una lista de acontecimientos que dan pie a un sinfín de opiniones y propuestas en internet, redes sociales. Vemos opiniones de cómo deberían ser las cosas, de cómo debería despertar un pueblo, de cómo se debería hacer política. Se exigen cambios a la voz de ¡ya! , como si se tratase de un libro en Pdf, una canción de Itunes, o un vídeo en You Tube.


Existe un fervor por el pseudo-activismo: “¡Convoquemos a marchas! ¡Dejemos de consumir esto y aquello! ¡Apaguemos los televisores y leamos! ¡Hagamos un concierto, festival! ¡Muerte al capitalismo!”.


Estoy de acuerdo con el hartazgo social y colectivo, la indignación, la rabia. Sin embargo, no podemos resolver preguntas tan concretas de lo que se puede sustituir en el actual sistema. Al menos respuestas que no se arrojen desde una ideología moral o de una política cultural. Hoy más que en ninguna otra época, me parece pertinente, dejar de lado la presión de los pseudo y ciber-activistas y comenzar a pensar, a presuponer e ir avanzando en él un pensamiento colectivo para arrojar no sólo respuestas correctas, sino preguntas correctas. Al parecer hemos intentado cambiar las cosas muy rápidamente, tal vez producto de la era en la que tenemos las soluciones a un click. Esta urgencia de transformarlas al mundo, al parecer nos ha llevado cada vez menos a la contemplación de la realidad, del propio mundo.


Karel Kosic, filósofo marxista, afirma en su libro “La dialéctica de lo concreto”:

La dialéctica trata de la “cosa misma” Pero la “cosa misma” no se manifiesta inmediatamente al hombre. Para captarla se requiere no sólo hacer un esfuerzo, sino también dar un rodeo. Por esa razón, el pensamiento dialéctico distingue entre representación y concepto de las cosas, y por ello entiende no sólo dos formas y grados de conocimiento de la realidad, sino dos cualidades de la praxis humana.


Ese rodeo del cual habla Kosic, es precisamente el de la filosofía y la ciencia, las cuales nos podrán dar acceso a la estructura de la “cosa misma”, para conocer la esencia más allá de un desplegado de actividades, respecto a la naturaleza de perseguir intereses dentro de un conjunto determinado de relaciones sociales.

Hoy más que nunca, la urgencia no es la de cambiar al mundo, sino la urgencia de pensar, de dar esos rodeos, de intentar ver las cosas como son y no como somos. La urgencia de pensar y cuestionar correctamente.


No hablo de no hacer nada, sino de estar quietos, porqué es evidente que no es lo mismo. Estar quietos, pero dejando de lado las trampas de la fiebre activista que poco o nada logran. ¡No actúes, sólo piensa!



No hablo de no hacer nada, sino de estar quietos, porqué es evidente que no es lo mismo. Estar quietos, pero dejando de lado las trampas de la fiebre activista que poco o nada logran. ¡No actúes, sólo piensa!

 
 
 

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