No surprises. Musical real para anestesiar a una sociedad imaginaria
- 15 jul 2014
- 5 min de lectura
Por: David Cuenca Orozco

A lo largo de su existencia, el hombre se ha cuestionado si la fe, el tarot, el chamanismo, la brujería y otras creencias religiosas, espirituales, místicas, etc., no son más que meras supersticiones o incluso trucos que impiden el progreso y el entendimiento del ser humano con su entorno.
El orden de parte de los dioses hacia la humanidad ha perdido su hegemonía en la era Moderna para así dar paso al dominio del hombre y sus capacidades sobre todas las cosas. Sin embargo, a pesar de haber superado distintas etapas del pensamiento, la irracionalidad, tal vez, todavía se encuentra entretejida en la tela de la vida cotidiana del ser humano así como en las mismas respuestas actuales que dentro de ella se suscitan.
Los seres humanos aceptamos, de manera casi inconsciente, una serie de discursos que consideramos lógicos o al menos plausibles para no tener que reparar en ellos y de esta manera vivir confiando en el porvenir que otros han diseñado. Aunque en ocasiones solemos ponerlos en tela de juicio sobre todo cuando nuestros puntos de vista difieran de ellos, al final los tomamos en cuenta incluso a regañadientes.

Las palabras de unos parecer convertirse en la obediencia de otros. Todos hemos negado alguna vez de los resultados de una elección o hemos cuestionado la veracidad de una novela escrita pero no vamos más allá de decirle a los que nos rodean que lo que percibimos nos puede parecer impreciso sino es que un mero fraude aunque incluso estemos conscientes que ello tenga consecuencias irreversibles.
La razón, bajo esta óptica es empleada con fines específicos; una particular forma de entender el mundo gobierna por encima de otras. Mientras unos aparentan pensar libremente otros figuran aceptar bajo un juicio previo. Así, tomamos decisiones sobre nuestra vida que no son otra cosa que el propio reflejo de ciertas elecciones determinadas previamente por otros. Suele suceder que incluso consideramos que algunas de estas opciones y alternativas bien podrían contemplar incluso nuestros sueños e ideales más arraigados.
Elegimos la mejor opción educativa, la mejor película, nuestra melodía preferida o hasta la cena más exquisita confiando en que al final del día nuestras metas y exigencias se habrán cumplido. Hasta ahí todo marcha bien, pero, si nos ponemos a reflexionar y tratamos de imaginar hasta qué punto eso que consideramos nuestras convicciones propiamente lo son empezaremos a tener muchos cuestionamientos más.

Si únicamente obedeciéramos, contra nuestros propios deseos, todo resultaría funcional, automático y no habría necesidad de complejizar el propio mundo. No necesitaríamos indagar sobre los asuntos de los que desconfiamos o de los que nos dejan un amargo sabor de boca.
Sin embargo, la punta del iceberg deja ver su tamaño cuando tomamos en cuenta incluso aquello que se nos dice, más allá de sus razonamientos, estando conscientes de que puede ser plenamente contradictorio. Logramos identificar que no todo aquello que se nos dice concuerda pero, aun así, aceptamos su lógica.
¿Será posible que existan esquemas de representación discursiva[1] diseñados para definir dos creencias contradictorias albergadas a la vez en un mismo concepto[2] pero que apunten hacia únicamente un fin? Un conjunto de opiniones contrarias objetivadas en la mente simultáneamente que funcionan como un esquema de representaciones de la realidad.
Si eso llegara a ser correcto, podrían decirse mentiras que se volverían verdades; se podría argumentar que el negro es blanco o que la guerra es la paz. Si durante la decodificación de una señal cualquiera manifestamos nuestros propios referentes latentes delante de los significados, una simple oración elaborada bajo esa lógica podría llevarnos a que idealizásemos un aspecto de la sociedad en función de nuestras propias aspiraciones y deseos anteponiéndolas a lo que justamente se refieren dentro de un mensaje.
Algunas bandas musicales como Radiohead, Pink Floyd, Pearl Jam, Scorpions, Soul Asylum, Last Days of Humanity, Rancid, etc. se han dado a la tarea justamente de demostrarnos no solo la existencia de estos discursos adoctrinantes (mismos que todo el tiempo aceptamos y adherimos a los marcos de referencia de nuestra propia vida cotidiana como si fueran nuestros) sino además, desde esa misma posición colectiva, nos han dado pistas para tratar de aspirar a algo más; a pensar un mundo por nosotros mismos, alejados de complejos y muros mentales que se nos han colocado a manera de plantillas culturales.

La música en este sentido, puede ser más que un cómplice del statu quo, es decir, se trata de una serie de discursos engañosos que dicen una cosa pero que exigen otra a las sociedades donde se propagan. Más que vendernos una ilusión de escape o un sueño de amor que no requiere dinero ni posesiones, existen músicos conscientes de las consecuencias nefastas para aquellos quienes viven desencantados de manera permanente de esas palabras vacías.
Para aquellos que decidan despertar la capacidad de reflexión que hay en nosotros mismos como seres pensantes, es importante conocer sobre la existencia de sonidos y melodías que inspiran (pero que no llevan de la mano a sus escuchas al punto de armarles un sueño por completo sin la necesidad de que dichas personas puedan trazar sus propias realidad y hasta sus utopías más íntimas) a auto gestionarse.
El hombre que se niega a avanzar hacia su futuro por sí mismo corre el riesgo de que otros articulen uno por él. Un destino que en el que la única posibilidad de sobrevivir es siguiendo los pasos que otros trazaron. Viviendo sin sorpresas en un mundo que no está hecho para vivir sino para sobrevivir.
Sin mencionar género en concreto alguno, principalmente para no herir susceptibilidades, es por todos sabido que existen canciones que no deberían llamarse así. Melodías que se vuelven en el perro guardian de determinados Estados, países, mandatarios políticos, dirigentes religiosos, gurús financieros y otras figuras líderes dentro de múltiples sociedades. Una especie de opio que asegura el eclipsamiento de la razón para dar cabida al instinto más animal y anteponer el apareamiento al pensamiento.

La música juega un papel muy importante en la construcción y transformación cultural de la humanidad. Entre más apegada al orden establecido se encuentre, será más difícil para quienes la aprecien (y hasta sus fans y quienes la ejecuten) descubrir el juego que hay detrás: los discursos de orden, seguridad y disciplina, sin riesgos y autodeterminación son los más difíciles de notar porque se han naturalizado al interior de la sociedad bajo las formas más básicas del lenguaje.
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[1] Por discurso se tomará en cuenta a cualquier tipo de expresión que alguien desarrolla para lograr un común acuerdo con otros. Éste puede ser un sermón, una charla, una conferencia, un programa de televisión, una página en internet, un juego de video, un libro, en fin, cualquier sistema de transmisión de contenidos e informaciones.
[2] Orwell, George (1957), 1984, Ediciones Destino, Barcelona, p. 304.
El periodista y escritor George Orwell. lo define como doblepensar. Un discurso público puede tener un doblez que discrepa o contradice aquello mismo que puede poner de manifiesto.
David Cuenca Orozco. Es Maestro en Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México y Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Actualmente es ponente nacional e internacional sobre temas relacionados con Nuevas Tecnologías y también se desempeña como docente a nivel universitario. Ha publicado diversos artículos y capítulos de libros académicos.























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