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Lo que el diablo me dijo...

  • 22 jun 2014
  • 3 min de lectura

Viejos cuentos del Funk

William Burroughs

Por:

Ángel Armenta López


Se sabe que la generación beat, aparte de tupirle duro a la poesía, siempre tuvo una gran pisada en otros rubros artísticos, como el cine, la danza, y sin lugar a dudas, en la música. Leer a los Beatnik, es comprender a toda una generación, de cómo asumía el papel de joven, de creador y de vagabundo, además de posturas abiertamente sexuales, anti culturales, anti religión y sobretodo, anti prejuicios, pues sacudidos por la guerra fría, qué mejor refugio que la poesía, el jazz y los excesos, sumándole una profunda devoción al budismo, esa filosofía que hacía danzar al alma en perfecta comunión con el mundo. Los beatnik tuvieron como rey a uno de los mejores poetas y novelistas de la historia de la literatura, Jack Kerouac, quien fue la cabeza de este grupo de locochones, siempre viajando, nunca mucho tiempo en el mismo lugar, lo sabemos por sus libros, como Vagabundos del Dharma, En el camino o Mexico City Blues, donde las experiencias vertidas en las páginas, nos ilustran de manera ácida y cruda lo que es vivir del camino, día a día, con los bolsillos rotos, como lo dijo Bob Dylan “si no tienes nada ¿qué puedes perder?” Dando el rol se encuentra uno.


Mucha gente está verdaderamente convencida de que sin Kerouac, los beat nunca hubieran llegado a nada, sin embargo, habremos quienes, a pesar de respetar, admirar y volvernos locos con su forma de vida, creemos que el viejo mas locochón y salido del cuadro, es William Burroughs, ese viejito que le tupía de verdad a los niños santos, y que su poesía era vibrante, ríspida y directa, como esa amiga de catre que te llama para drogar y coger, así es la literatura de Burroughs, más al estilo de Miller, que de un beatnik. Burroughs, es el responsable de que México quedara en los corazones y las páginas de los beat, como de Ginsberg como de Keroauc, pues él fue el primero en pisar pavimento azteca y llamarles para contarles que con 10 dólares se podían dar un buen arpón y una buena puta, pero por encima de todo, vivir sin sobresaltos. Aquellos no la pensaron mucho y se dejaron caer a las tierras prometidas. Dicho y hecho, aquí era muy fácil drogarse, tener sexo y vivir, tal como lo retrata Kerouac, en su libro “Tristessa” donde narra la historia de Esperanza, una diller-prostituta, de la cual Kerouac se enamoró, o al menos, esa versión existe.


Así Burroughs dejaba un legado importante en México, con su gran performance de matar a su mujer en un intento de la hazaña realizada por Guillermo Tell con el arco, Burroughs, intentó hacer lo mismo con una pistola, su mujer, y mucho LSD en las venas. Un yonki de punta a punta, y un creador y un camino, eso era Burroughs. De ahí gran parte de su obra literaria se convirtió en culto, sin embargo, el legado no quedó sólo en libros, por ejemplo, se tiene en cuenta una versión en película del libro “El Almuerzo al Desnudo”. película que dirige David Cronenberg en 1991, una cinta irracional con mucho éxito en su tiempo. Otra película donde apareció Burrougsh, es en Drugstore Cowboy, dirigida por Gus Van Sant, donde el papel del beatnik representa un pastor que aconseja a Matt Dillon sobre el uso y abuso de las drogas, parece una situación irónica, pensando en el pasado de Burroughs. Por ultimo, el cortometraje animado dirigido por Francis Ford Coppola, donde se narra la historia de un drogadicto en día de navidad, y donde creo, se llega a la cúspide de la idea de Burroughs, pues la historia es contada por él mismo, misma narración que se encuentra en una de las rarezas más grandes que me he encontrado, un disco de funk lento y espeso, con la voz de William Burroughs, con fragmentos de 7 novelas, que se convierten en narraciones cortas. El disco lleva como título “Spare Ass Annie and Other Tales” con la colaboración de Disposable Heroes Of Hiphoprisy. De verdad que es una joya de la música, uniendo la literatura y la voz del novelista.

Así los beat le pegaron duro a la música, como Dylan y Ginsberg, Jim Morrison y Michael McClure, y las múltiples canciones que se han hecho usando las letras de Keroauc, interpretadas por Tom Waits, o por Jonnhy Depp, leyendo pequeños fragmentos de Mexico City Blues, o Canciones de media noche, donde con una guitarra y una armónica muy suaves y alegres, cantan los coros escritos por Kerouac, y éste último caso de Burroughs, cierra el circulo entre literatura, cine y música de la generación beat.

 
 
 

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